Artistas, locos y criminales

Entre botellas, vándalos, bandidos
y las ojeras de los amanecidos.
Quizás mañana no recuerde nada
y se le apague la mecha de un soplido.

Engatusado por un cuerpo felino
de piernas largas y un piercing en su ombligo.
Llena su copa, pierde el equilibrio.
Mientras agiten el rock tiene sentido.

Se acerca disimulando a su objetivo,
derrama un vaso de vino en su vestido
y con palabras que nadie respalda
fue dibujando algún cielo en sus oídos.

Ella no quiere perder su ojo de vidrio
ni se derrite por un "Jardín Florido"
y esos compases de acordes fugaces
fueron llevándola libre a su destino.

¿Será que encuentra en el arte lo divino
de locos y criminales depresivos?
Esa sonrisa que no cicatriza
seduce al tiempo que no va tan de prisa.

Autor: Matías Valdez